La sociedad nórdica a través de la Arqueología

Arqueología vikinga

Saqueadores. Comerciantes. Granjeros. Aventureros. Forajidos. Legisladores. Los vikingos (y las vikingas), se miren por dónde se miren, siguen siendo un tema que despierta interminable fascinación.

Arqueología: una nueva forma de ver a los vikingos

Hasta hace relativamente poco sabíamos de ellos mayormente a través de los textos literarios; hoy en día, afortunadamente, podemos estudiarlos a través de la arqueología.

Esta ciencia nos permite la oportunidad de escribir una Historia diferente sobre ellos; historias que emergen directamente de objetos pequeños y anodinos. Y es que muchos de los objetos hallados son grandes obras de arte, pero otros muchos no. Algunos, incluso, ni siquiera los hicieron los Vikingos, sino que vinieron con ellos de otros lugares, pero todos juntos estos objetos son los que conformaron el mundo vikingo.

Los utensilios hallados raramente nos informan de acciones individuales de personajes poderosos o de los cambios políticos (aunque pueden ayudarnos a comprender cómo las personas, la sociedad, afrontó el cambio). En cambio, lo que nos cuentan son los ritmos de la vida cotidiana, rituales y mundanos, y cómo la gente –de estratos sociales y económicos variados– estructuraba sus vidas. Los objetos arqueológicos van más allá de ponernos simplemente en contacto con las personas del pasado de forma intangible o etérea, sino que nos instan a hacernos preguntas que, de otro modo, no hubiesen surgido.

Los límites de la Era Vikinga

En muchos sentidos, la Era Vikinga es un artificio o una invención. Entendida como la forma de cubrir un periodo que va desde finales del siglo VIII hasta mediados del siglo XI, ninguna fecha de comienzo o final tiene realmente sentido en el mundo nórdico/vikingo. En algunos momentos ese mundo se limitó solo a Escandinavia y gran parte del Norte de Europa, en otros se extendió hacia el oeste por las Islas del Atlántico Norte y algunas partes de América del Norte y, hacia el oeste, hasta los límites de Rusia. Algunos de los viajes de muchos escandinavos aún llegaron más allá.

Una socidedad cambiante

Así que, como es imposible trazar límites cronológicos o geográficos en el mundo vikingo con precisión quirúrjica, es necesario realizar un enfoque más pragmático. A lo largo de varios siglos de actividad militar, diáspora, comercio y comunicación, ¿qué es lo que mantuvo unido este mundo? La respuesta es el cambio. Las interacciones de la sociedad escandinava con otras sociedades y personas dieron lugar a la transformación política, económica, social y hasta religiosa allí donde fueron, y la arqueología nos anima a utilizar los objetos hallados para rastrear y comprender estos cambios.

Para poder hacerlo, pues, podemos observar cómo la cultura material en sí misma varía con el paso del tiempo a través de la Era Vikinga, comenzando con objetos que pertenecen íntegramente a la Edad del Hierro Escandinava (el mundo del que emergen los vikingos) y que van adentrándose en la Edad Media (el mundo que los vikingos ayudaron a construir).

De este modo podemos trazar una trayectoria cronológica general, no obstante, debemos dejar claro que la datación de muchos objetos no siempre es cien por cien precisa o apropiada. ¿Por qué? Porque hablamos de un periodo histórico de tiempo muy corto, unos pocos cientos de años, y muchos de los objetos estuvieron en unos durante ese periodo de tiempo con cambios mínimos. Los objetos metalúrgicos que cuentan con elaborada ornamentación pueden datarse, por ejemplo, comparando estilos artísticos, pro esto es más un arte que una ciencia exacta (dataciones relativas versus dataciones absolutas, ya sabéis). En consecuencia, las próximas entradas las dividiré de forma genérica en Era Vikinga temprana, media y tardía, pero estos periodos (y sus objetos) no siempre son fáciles de identificar.

Objetos que fueron muy populares en el siglo IX no se abandonaron o cambiaron completamente al entrar en el siglo X. Tampoco con ello se pretende crear una visión política, económica o social general de estos siglos, porque no es posible. La Era Vikinga, al contrario que por ejemplo la Antigua Grecia, Roma o Egipto, no se presta a ello. ¿Por qué? Pues porque el mundo vikingo, a pesar de ser enorme y estar vastamente relacionado, estaba políticamente muy fragmentado y era socialmente muy diverso. La historia del siglo X, por ejemplo, según dónde la queramos estudiar fue simultáneamente una historia de pesca y agricultura, de comercio y de exploración y de campañas militares y colonización. La arqueología nos presenta la diversidad y la complejidad del mundo vikingo. Es una historia más complicada, pero más interesante.

Es una historia que incorpora no solo objetos fabricados o utilizados por los vikingos, sino objetos que encontraron y se llevaron en sus viajes, dejando huella.  Esto nos permite una visión única de los mundo por los que se movieron los vikingos y de las gentes con las que se mezclaron e interactuaron; un acercamiento que no es posible a través de enfoques históricos más tradicionales.

Además, no solo es que los objetos sean intrínsecamente bellos; es que cuentan historias igualmente importantes: la joyería ricamente decorada nos revela mucho más que el gusto de los vikingos por el arte refinado, en comparación con otros objetos nos cuenta la historia de una sociedad desigual, de opresión y de brutalidad igual de claro que nos lo narran las espadas o las hachas.

Los objetos no hablan, pero con ayuda de la creatividad y las técnicas científicas apropiadas a veces se pueden leer.

English version: Norse society through Archaeology

Raiders. Traders. Farmers. Adventurers. Outcasts. Lawmakers. And so on. The Vikings, however we frame, them remain a subject of endless fascination.

Viking Archaeology

Archeology: a new way to know the Vikings

Until very recently, we knew about them mostly through documentary texts but today we can study the Vikings through archaeology. This science provides a rare opportunity to write a different History in many cases, stories directly from small things. Some of the artefacts found are great works of art; many are not. A few were not even made by Vikings, but together these are the objects that made the Viking world.

Artefacts rarely inform us about the actions of powerful individuals or the currents of political change (although they may aid our understanding of the ways in which people coped with such change). Instead, they tell us about the rhythms of everyday life both ritual and mundane, and about how people – of various social and economic standings – structured their lives. Artefacts do more than simply put us in touch with the people of the past in a vague intangible sense; they prompt us to ask questions that otherwise might not have arisen.

The boundaries of the Viking Age

In many ways the Viking Age is a convenient contrivance or artifice. Broadly understood to cover the period between the late 8th century and the middle of the 11th century, no single start or end date makes sense across the Viking world. At various points that world encompassed what is now Scandinavia and much of northern Europe, and also stretched westward to the islands of the North Atlantic (including parts of the east of North America) and eastward to the fringes of Russia. The travels of many Scandinavians went even beyond this sphere.

A changing society

As it is impossible to draw chronological or geographical boundaries with a firm hand, it is necessary to take a more pragmatic approach to defining the Viking world. Across several centuries of military activity, diaspora, trade and communication, what was it that bound this world together? The answer is change. The interactions of Scandinavians with diverse other peoples gave rise to political, social, economic and religious transformation wherever they went, and archaeology aims to use objects to track some of these transitions. In order to do so, we can look at how material culture itself changed across the Viking Age, beginning with objects that truly belong to Iron Age Scandinavia (the world from which the Vikings emerged) and journeying into the Middle Ages (the world that the Vikings helped to make).

Thereby, we can trace a general chronological trajectory, but it should be made clear that precise dating of many of the items found is neither possible nor appropriate. We are talking about a period of only a few hundred years, and many object types persisted in use with minimal change throughout this time. Highly ornamented metalwork can be dated somewhat more securely using stylistic comparison, but this is an art rather than a science (you know, relative dating versus absolute dating). Consequently, although the next publications will be divided broadly into the Early, Middle and Late Viking Ages, these periods (and their artifacts) are not always easy to identify in the artefacts themselves.

Objects popular in the late 9th century were not thrown away or recycled at the dawn of the 10th. Similarly, these discussions are not intended to provide a comprehensive political, social, or economic overview of the 9th 10th and 11th centuries. Such a narrative, while perhaps possible for the worlds of ancient Greece, Rome or Egypt, does not lend itself to the Viking Age. This is because the Viking world, despite being large and networked, was more politically fragmented and socially diverse than those earlier civilizations. There was no Viking Empire around which to frame a narrative.

Moreover, the Viking Age was more than an age of Vikings. The story of the late 9th century, for example, was simultaneously one of fishing and farming, of trade and exploration, of campaigning and colonization. Instead, archaeology presents the diversity and complexity of the Viking world. It is a more difficult story, but also a more interesting one.

A story that incorporates not only artefacts made by Scandinavians themselves, but also some of the objects they encountered on their travels – in many cases leaving behind a very visible mark. This allows a unique glimpse into the worlds in which Vikings moved and the peoples with whom they engaged: something that is not possible via a more traditional focus on the classic examples of Scandinavian art.

Furthermore, while many of the objects are inherently beautiful, their stories also shine through: finely decorated jewellery does more than evidence a Viking love of art, it speaks of social inequality, oppression and brutality every bit as clearly as do the sword or axe.

Objects do not speak, but with the aid of creativity and novel scientific techniques, they can sometimes be read.

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